El barrio de San Roque fue mandado construir, a fines del siglo XVIII, por el Obispo Juan Díaz de la Guerra, para ampliar el entramado urbano de la ciudad en dirección norte, al pie de la muralla. Para ello, se diseña un pequeño barrio en estilo barroco con un trazado arquitectónico perfecto: dos calles rectas y amplias, Medina y San Roque, que se cruzan formando la denominada plaza de Las Ocho Esquinas.

En el nº 7 de este barrio estaba el casino seguntino, también llamado Círculo de la Amistad. En él se celebraban veladas literarias, conciertos y bailes, a los que asistía lo más selecto de la sociedad seguntina.

El proyecto primitivo incluía una fonda, una hospedería y un cuartel, situado en las casas delante de la plazuela y una ermita dedicada a San Roque, hoy en día sin culto, situada en la parte final de la calle y restaurada en noviembre de 1998.

Actualmente la ermita de San Roque ha sido acondicionada como sala de conciertos y exposiciones.