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Este bello pueblo de exuberante vegetación, arroyos que se despeñan el altas cascadas, cárcavas, riscos y barranqueras, reserva natural de animales protegidos, se encuentra ubicado en la orilla derecha del barranco por el que discurre el Río Dulce.
Ya en la antigüedad tuvo asentamientos de tribus primitivas pues se ha encontrado un yacimiento de la Edad del Bronce. Entre los siglos XII y XVIII fue residencia veraniega de los Obispos, quienes mandaron construir un castillo, siendo destruido por los ejércitos del Archiduque Carlos y en 1811 por los soldados franceses de Napoléon. Hoy sus ruinas coronan uno de los más bellos parajes de la zona, convertido en parque natural. En la carretera, un mirador erigido en memoria de Félix Rodriguez de la Fuente, nos permite disfrutar de la belleza de las vistas, sobrevoladas por garzas y buitres.
Destaca de su arquitectura la iglesia parroquial del siglo XII, obra románica, con interior de una sola nave que encierra un buen retablo mayor del siglo XVI, así como su artesonado del mismo siglo.
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