Multitudinaria Procesión del Silencio


Sigüenza. 16 de abril de 2022. Después de dos años de Semana Santa virtual, en los que la pandemia impidió la salida de las procesiones, y con ello la vivencia de algunos de los momentos más esperados del año y más bellos en la ciudad de Sigüenza, salía la procesión matutina de Viernes Santo. Esta, no se celebraba desde el año 2018, puesto que incluso en 2019 hubo de ser suspendida por la lluvia, habiéndose tenido que celebrar en el interior de la Catedral, siendo entonces la primera vez que la Banda de Música de Sigüenza actuó en su  interior.

Presente en la ceremonia del Descendimiento y acompañando la procesión ha estado la corporación municipal, encabezada por la alcaldesa de Sigüenza, María Jesús Merino, entre otras autoridades provinciales y regionales. La regidora agradecía la brillantez, fervor y devoción con la que la Cofradía de la Vera Cruz y del Santo Sepulcro organiza y desarrolla los actos de la Semana Santa, “conjugando y preservando admirablemente el patrimonio artístico, monumental, histórico e inmaterial de Sigüenza, y contribuyendo con ello, sin duda a la candidatura de Sigüenza a Patrimonio Mundial de la UNESCO”.

Desde el año 2010, tras la restauración de la ermita de la Venerable Orden Tercera, aledaña al convento de las Madres Ursulinas, puesto que  el obispo Castán Lacoma la había cedido a la Cofradía para colocar en ella sus imágenes, decisión ratificada por sucesivas autoridades diocesanas, la procesión matutina concluye en ella. Así, la ermita del Humilladero y la iglesia de Nuestra Señora de los Huertos han vuelto a ver pasar delante de ellas a los armaos llevando las imágenes de la Pasión de Cristo hasta la que es su sede, pero este año por la calle de San Roque y no por el Paseo de La Alameda.

Desde 2014 los armaos que, por diversas circunstancias, han dejado de cargar los pasos, siguen acompañando como eméritos a la procesión en un lugar privilegiado y con un traje distintivo.

2022 ha sido el cuarto año en el que se ha celebrado la Ceremonia del Descendimiento, el que probablemente fuera el último auto religioso representado en la Catedral.  237 años después de que lo prohibiera el obispo, Juan Díaz Guerra, el día de Viernes Santo de 2017 volvía a representarse, algo que volvía a suceder en 2018, en 2019 y ayer, día de Viernes Santo de 2022.

A continuación del Sermón de la Soledad, pronunciado por el obispo de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara, Atilano Rodríguez, los 'armaos' eméritos Tomás y José Ortega, vestidos con túnica negra y faja roja,  se encargaban de quitar los clavos de la talla del crucificado, bajar los brazos articulados, llevar a cabo el descendimiento propiamente dicho para meterlo en la urna, ayudados en la tarea por otros seis hermanos eméritos. Así daba comienzo la Procesión del Silencio, que es sin duda la más solemne y concurrida de cuantas se celebran en la Semana Santa de la ciudad del Doncel. Este año, aún lo ha sido más, después de dos años sin procesiones en las calles de Sigüenza.

Mientras se llevaba a cabo, sonaba, en el gran órgano de la catedral, el Adagio de Albinoni, que tocaba Juan Antonio Marco, el organista de la Catedral.

 

El Santo Sepulcro y la Virgen de la Soledad salían a hombros de los costaleros, precedidos por la banda de Cornetas y Tambores de la Cofradía de la Vera Cruz. En primer lugar dieron una vuelta completa por el interior de la Fortis Seguntina, para pisar el Atrio, a continuación, desde la Puerta de los Perdones. Los redobles y el metálico sonido de las señales que indican el movimiento de la procesión  se sucedieron por las valles del Cardenal Mendoza y José de Villaviciosa, hasta llegar a la Ermita de San Lázaro.

 

En la puerta de esta Ermita -hoy de la iglesia del Asilo- los 'armaos' colocaron dos paños negros en el suelo, extendidos delante de ella, justamente donde José Antonio de la Concepción, jefe de 'armaos' detenía el Santo Sepulcro. Hecho el silencio, el hermano de vela a quien le correspondía por turno de antigüedad, Sergio Montoya, dio tres golpes secos. Desde dentro preguntaron ¿Quién? Se contestó ¡Jesús el Nazareno, Rey de los judíos!, a lo que una voz anónima desde el interior del lugar replicó: ¡Que pase Jesús el Nazareno, Rey de los judíos! Abiertas las puertas se dejaron depositados ambos pasos en su capilla, concluyó la procesión.